7 de abril de 2006

Abril en París

París by Arnaud Frich

Billie Holiday


Quizás sea una obsesión. La primavera y París. Siempre van unidas para mí. Y la ciudad es un mosaico de lugares y canciones unidas a ellos. Como ver atardecer desde Montmartre siempre sonará a Trenet. Es pura mitificación. Quizás porque París es el lugar santo de peregrinación para nosotros los agnósticos.

París by Arnaud Frich

La luz diurna triunfa sobre la noche. El río refleja las ventanas de los edificios de la Île de Saint-Louis. Hace frío todavía, pero paseas cerca del Sena. Ves pasar un bateau-mouche, un tópico para enamorados foráneos, pero que todos queremos vivir alguna vez. Y caminas sobre puentes llenos de historia, de ecos de luchas, triunfos, derrotas, alegría, dolor... De todos ellos, tu preferido es el Pont-Neuf, tan sobrio, tan señorial. Donde a veces se refugian los amantes.

No estás obligado a hacerlo, pero tienes que ir al Louvre, y admirar la bella pirámide de cristal que un arquitecto extranjero tuvo el coraje de diseñar. También desafías tus limitaciones estéticas admirando las tuberías de colores y el exoesqueleto metálico del Beaubourg. Y vas al otro lado del río, al museo más hermoso del mundo, en el que los andenes están llenos de colores impresionistas.

París by Arnaud Frich

Un recorrido por la rive gauche sigue permitiendo ver muchachas hermosas. Pero ya no hay adoquines, ni Revolución. El Quartier Latin aún conserva el viejo aroma de barrio, un poco canalla, otro poco solemne.

Te han dicho que comer en París es un placer inigualable, siempre que tu paciencia supere límites sobrehumanos. Como eres un mitómano eliges el Café Terminus. O la Closerie des Lilas, aunque el camarero que te atienda no sepa ya quién era Hemingway.

Cae la noche y los espectros de Notre-Dame espantan a los turistas. Oyes la llamada del libertino burgués que eres y te acercas a Pigalle. Y sientes una profunda tristeza, porque ya no hay condes rusos bebiendo champagne en los zapatos de las bailarinas, ni pintores muertos de hambre dormitando sus delirios de absenta.

París by Arnaud Frich

Y te retiras a la habitación de tu hotel, el único posible para un caballero. Antes de dormir, planeas. Mañana irás al cementario de Père Lachaise, a rendir tu homenaje personal a tanta gente de talento que supo vivir con estilo. La luz incandescente realza los perfiles de la Torre. Sabes que aunque nunca podrás permitirte ese reloj de Cartier, acudirás a Place Vendôme, como un niño no puede evitar ser hipnotizado por el escaparate de una pastelería. Bueno, ya que estás allí, comprarás unas trufas de Godiva. Y mientras dejas que las tibias sábanas empiecen a delimitar tus sueños, una vieja melodía arrulla tu cerebro.

Café Les Deux Magots


Las cuatro imágenes de París de este artículo son del fotógrafo Arnaud Frich.

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