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17 de mayo de 2006

La Schlichting me pone

Siempre que llega el buen tiempo y el calor estoy revuelta unos días. Pero no es una cuestión de alergias. Simplemente es que se me calienta la mente y el bajo vientre. Bien mirado, a lo mejor sí que es también una alergia: a no poder tirarme a todo lo que se mueve.

Al principio empiezo con los hombres y todo se me vuelve pensar en pollas bombeando, pero esta profesión mía tiene esta parte mala, que tiene algo de rutina y de costumbre. Como al perro ese que le tocaban la campanilla y empezaba a fabricar saliva. En mi caso, veo a un hombre desabrocharse la bragueta y ya pierde el misterio. Es inevitable.

Como los hombres no me funcionan la mayor parte del tiempo como fantasías guarras, cuando estoy así como cachonda enpiezo a pensar en las tías. Sueño con Madonna, Terelu Campos y yo revolcándonos desnudas en la playa. O cuando salgo a la calle los primeros días de verano no paro de fijarme en las tetas de las chicas, y me da por jugar a adivinar de qué color llevan el tanga. O lo que es mejor, imaginar cuáles de ellas no llevan ni siquiera tanga.

Las primeras veces que me pasó esto me preocupé un poco ante la posibilidad de que me estuviera volviendo un poco bollera, lo que me afectaría a la larga en mi oficio, al menos en el tipo de clientela. Pero el caso es que no se me quitan las ganas de follarme a los tíos, no, es que en esos momentos me saben a poco. Es como si me volviera todosexual, así como los coches todo-terreno, y necesitara el roce y el tocamiento en el barro con mujeres como Dios manda.

Me acuerdo que una vez en que estaba en ese estado de, digamos, calentura sexual llamé a una amiga mía muy guapa y muy lesbiana, que siempre me dice que se va a casar conmigo y me va a retirar del negocio. Queridos lectores, funcionó estupendamente. Nos dimos unos buenos revolcones varios días seguidos, sudamos juntas como perras y me quedé así como con una paz interior y una relajación difíciles de explicar. Desde entonces, cuando llega esta parte caliente del año, la llamo para quedar y pasar un buen rato. Ella, como es buena tía y no es celosa, viene siempre que puede la pobre, que tiene un trabajo muy importante y de mucha responsabilidad, porque es escolta de un político muy importante de la derecha. No me preguntéis su nombre, que no diré nada. Esta servidora sabe guardar muy bien los secretos.

Ayer la telefoneé y quedamos para tomar un café después de comer, que no podía retozar luego conmigo porque le tocaba estar de guardia todo el día y toda la noche. Me dijo que lo que ella hace en esas etapas en que está muy cachonda y no puede acostarse con una tía es masturbarse pensando en una mujer muy decente, y mejor si es mandona y con el genio fuerte. Mientras volvía a casa tuve una revelación. En cuanto llegué allí me puse la COPE para oir a Cristina López Schlichting, que a católica no la gana nadie, y tiene carácter y mal genio. Y fue mano de santa. Me puse muy burra y me masturbé y gocé sola como hacía tiempo que no lo hacía.

Hoy he vuelto a repetir y no ha fallado. Y ha sido incluso mejor, porque a veces decía cosas o nombres en alemán y eso me excitaba aún más. O sea que cuando no tenga a mano una tía a la que tirarme en estos días de ajetreo, la Schlichting va ser mi fuente de inspiración. La COPE gana una oyente y yo tan feliz. No le veo más que ventajas. Si hasta una vecina muy beatona se ha puesto muy contenta cuando le he dicho que llevo unos días escuchando la COPE. Para que después digan que la radio es un medio de comunicación pasado de moda.

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23 de febrero de 2006

El negocio y el placer

Cuando un cliente mío me va cogiendo confianza sé que, tarde o temprano, me hará la pregunta. Siempre la misma pregunta. Oye, ¿tú follas por placer?. Y siempre ponen la misma cara y me miran como si fuera una mesa-camilla o un oso hormiguero. Al principio me cabreaba que siempre me tocaran los ovarios con lo mismo. Ahora ya no me molesta porque sé que los hombres sois animales simples.

Vamos a ver si lo explico clarito para que todos ustedes, caballeros, lo entiendan. Sí, sí follo por gusto, y me corro de verdad, y me excita que me toquen donde me gusta, y me pone cachonda jugar y decirle al chico en cuestión ven aquí, lobo mío, y cómeme entera. A ver qué se habían creído ustedes. Que una no es de escayola.

Toda práctica profesional tiene su parte de oficio y su parte de dominio de la herramienta. En mi trabajo también. Una sabe desconectar, tocar las teclas precisas, gemir y moverse lo justo para pasar el trámite y que el cliente salga contento de la faena. El oficio ya lo tengo controlado y mis herramientas las conozco desde que me empezó a crecer pelo ahí. Es lo que dicen en la sección de economía de los periódicos, la excelencia profesional.

Entiendo que la confusión puede venir porque la gente no le tiene cariño a su oficio. Todos creen que lo mío es como los pasteleros, que como andan todo el día liados con el dulce, acaban aborreciéndolo. No, amigos míos, no. Follar es una necesidad básica. ¿O es que los que trabajan en empresas de agua y electricidad no encienden la luz o no beben agua, o los que plantan las patatas no se las comen, o los que trabajan en una fábrica de colchones no tienen cama? Al follar no se le coge manía.

Cuando estoy trabajando, naturalmente, casi nunca siento gran cosa. Es lógico, una está a lo que está. Pero a veces sí me pongo burra con determinado cliente, porque me gusta lo que me está haciendo, o vaya usted a saber por qué. Esto no es como hacer palomitas en el microondas, no es una ciencia exacta. Pero son muy pocas veces. Creo que el único cliente que con el que disfruto siempre es Roberto, un administrativo de una notaría. Teníais que verle. Delgadito, bajito, muy poquita cosa, muy callado, muy serio. Y tampoco la tiene grande. Pero en la cama hace diabluras. Y dura, dura, dura... Él lo achaca a que hace yogas, y zen, y mantras, y no sé cuántas cosas más. Le va ese rollo. Y no le deben de faltar amigas, porque conozco yo a unas cuantas señoras que si les hace lo que me hace a mí le retiran y le ponen un piso. Yo creo que él viene a verme para lograr el equilibrio cósmico de su pilates, o algo así.

Así que ya lo saben, señores. No le vuelvan a hacer esa pregunta a su puta de cabecera. Nosotras somos como, por ejemplo, los informáticos, que después de estar todo el día trabajando con las máquinas, llegan a casa y enchufan la computadora para escribir en su blog, ver un DVD o echar unas partidas con un videojuego.

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4 de diciembre de 2005

Linux es muy marrón

Menos mal que Ramón acaba de volver de Londres y me ha resuelto el problema. El caso es que la semana pasada la computadora agarró un virus muy malo, no sé dónde, porque yo no visito sitios raros, ni de pornografía. Bastante porno tengo yo todo el día como para buscar más en mis ratos de ocio. Nada más arrancar el windows y enchufar el modem salía un cartel de error muy feo y se reiniciaba el ordenador. Así una y otra vez. No me daba tiempo ni de ver el correo, o de consultar el saldo de mi cuenta en ING Direct (Sí, sí. Yo tengo mi dinero en ING. Soy puta, pero moderna). Y así no hay forma de funcionar.

Telefoneé a Ramón, que es un cielo, y vino enseguida. Me dijo que ya llevaba de vuelta un par de semanas. Me extrañó que no me hubiera llamado antes. Bueno, tras pelearse un rato con la máquina, me dijo que ya había limpiado el virus, que la cosa estaba cada vez peor, pero que él tenía la solución definitiva. Que me instalaba un linux de esos. Le pregunté si yo iba a ser capaz de manejarlo, que una es muy de sus cosas y sus costumbres, y ya estaba muy hecha a mi windows, y a mi outlook y al messenger. Ramón se rió un poco y me contestó que no me preocupara, que me iba a poner uno muy bueno y muy facilito, que sólo tenía que aprenderme los nombres de los programas nuevos, que funcionaban igual que los de windows, y una contraseña para hacer cuatro cosas. Yo confío mucho en Ramón y como me lo dijo todo tan convencido, le dije que bueno, que adelante, pero que no me quitara el windows del todo, por si me atrancaba en algo y tenía que usarlo. Él me tranquilizó, aclarándome que lo iba a dejar todo preparado para que al arrancar la computadora pudiera elegir linux o windows.

Mientras se instalaba el linux, nos dio tiempo a follar un poco. Noté una importante mejoría en la técnica de Ramón. No es que fuera el Nacho Vidal, pero ahora manejaba mejor los tiempos. Sabía que detrás de esto andaba una mujer, por lo que se lo pregunté sin rodeos. Me contestó que sí, que tenía pareja, una chica holandesa muy alta (me enseñó una foto de ella y, desde luego, era muy mona y parecía muy limpia) que había conocido en Londres y que se había venido con él a vivir aquí. Si es que es lo que digo siempre, la práctica lo es todo. También en los asuntos de cama, por supuesto.

Me alegré mucho. Ramón es un gran chico que se merece lo mejor. Además, siempre me enorgullece colocar a uno de mis clientes fijos con una buena mujer. Le dije que entendía que ya no me viniera a ver a menudo, pero que se pasara de vez en cuando. Es bueno para una profesional como yo refrescar sus conocimientos. Dudo mucho que en Holanda sepan nada nuevo en los asuntos de la jodienda, pero nunca se sabe... A través de Ramón iba a poder comprobarlo.

Después del folleteo y un cola-cao, Ramón supervisó mis primeros pasos en linux. Se llamaba ubuntu lo que me había puesto. A pesar de que eso sonaba a fiera africana, o a una de esas enfermedades tropicales incurables, así de nuevas era muy bonito y muy marrón. Y muy fácil de usar. Había de todo lo que yo manejo habitualmente. Además, Ramón había insistido mucho en que todos los programas eran libres. Ahí me ganó del todo, porque a mí me gusta mucho la libertad...

Pues ya me veis, vuestra Rebeca usando linux. Estoy tan contenta con él que no he vuelto a arrancar el windows. E incluso juraría que ahora, cuando me tiro a un tío, voy como más ligera, más firme. Es que no hay nada mejor que saber que una está trabajando sobre seguro.

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16 de noviembre de 2005

La prostitución y el copyleft

Esta mañana me he fijado y he visto por primera vez que también el 20 Minutos viene con eso de la licencia copyleft. Que hasta yo me he enterado de qué es eso del Creative Commons de tanto leer blogs, que todos lo ponen.

A mí me parece bien eso de compartir y dejar que los demás usen tus obras. ¿No vivimos en un democracia? Pues eso, todos tenemos derecho a la cultura, como dicen los blogueros comprometidos. Pero yo veo en esto un problema muy grave. Por ejemplo, en mi sector, la prostitución, no se puede hacer. Y no es que me ponga del lado de la SGAE y todas las multinacionales esas, no. Es que no es viable aplicar una licencia de esas a un servicio, porque el cliente se va sin pagar y ¿qué gano yo?

Supongamos que yo aplicara una licencia como la de este blog. El fulano descarga, se larga y ¿después? Pues nada... Sí, es cierto que si aprende algo de mí tiene que citarme cuando eche un polvo a otra (o a otro, nunca se sabe). "Esto lo aprendí de Rebeca", tiene que decir el tío. Y no puede cobrar por usar esa picardía que aprendió de mí con otra persona humana, tiene que darlo gratis, como lo recibió. Pero vuestra Rebeca no gana un euro con todo esto.

Algunos pensaréis que obtengo fama o reconocimiento. Nada de eso. Poniendo otra vez el mismo ejemplo del tío de antes. Cuando se está tirando a otra tía va y me cita. A menos que la señorita sea un poco lesbiana, lo menos que puede pasar es que le arree al tío un guantazo. Y si es lesbiana, pues yo tampoco gano, porque a mí no me va hacer bollos, y con esto no estoy diciendo que esté en contra de las lesbianas, Dios me libre. No, no es eso. También puede pasar que el tío en cuestión me mencione cuando está cepillándose a su novio. Ya me diréis cuántos gays van de putas habitualmente... Otro cero patatero.

Cosa distinta sería si pudiera grabar un disco o un DVD con, por así llamarlo, mi arte. Si fuera así, no me importaría que los chavales se bajaran mis películas o mis discos, porque el dinero lo sacaría de mis actuaciones en directo, en mi caso, con los señores. Pero de momento, todos mis ingresos vienen de esas actuaciones con mis clientes, por lo que tengo que cobrarles. No hay otra.

Conozco bien este negocio y sé perfectamente que el buen nombre se gana dejando contento al caballero. Y cobrándole bien, que una ha de hacerse respetar y crearse una fama en la profesión.

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7 de noviembre de 2005

Rabas

Nada más terminar de recoger todo lo de maleta y poner la lavadora, me siento a escribiros a vosotros, mis amigos de la Internet. ¿Qué dónde me he metido estos días? Pues vuestra Rebeca ha estado en Santander, esa bonita ciudad bañada por el Cantábrico. Pero no os creáis que me he ido de vacaciones a tocarme el chocho, no. Ha sido un viaje de negocios.

Me explico. A uno de mis clientes más antiguos, que también fue una de mis primeras experiencias en la profesión y que aún conservo (ya me diréis si no soy buena en lo mío, que conservo la clientela durante años), cuando tiene que hacer un viaje algo largo por cosas del trabajo le gusta invitarme a alguno de ellos. Así, dice, se le hacen más cortos, y además, se puede descontar un montón de IVA, porque mis servicios le desgravan. Yo creo que, de paso, también blanquea algo de dinero negro, pero yo no me meto en eso... Pues bien, que me avisó que se iba unos días a Santander, y que si le acompañaba. Le contesté que sí, que hacía ya un tiempo que no veía el mar. Y los ingresos extraordinarios me vendrían muy bien, porque le había echado el ojo al iPod nuevo, ese que se ven películas y series de la televisión. Eso y cambiar las cortinas del salón, que como tienen ese color tan sufrido, por mucho que las lave siempre parece que están sucias.

Ni corta ni perezosa, allá que me fui con él a Santander. En avión ida y vuelta. Y hotel de 5 estrellas en la Playa del Sardinero. Como una señora. ¡Lástima que no haya más clientes así!

No había estado nunca en Santander. Es una ciudad bonita y tranquila, Eso sí, debe de llover mucho, porque se nota en la cara de la gente, que parece que está como mustia. Mi acompañante, que llamaremos Tomás (no se llama así, pero yo soy una tumba y guardo en secreto todo lo de mis clientes. Soy muy seria con estas cosas. Porque es lo que digo yo, a las putas nos deberían reconocer el derecho de no revelar nuestras fuentes y secretos, como a los confesores, los médicos o los periodistas. Al fin y al cabo, también somos un servicio público) me llevó a comer y a cenar a los mejores restaurantes de allí. Me gustó mucho el pastel de cabracho. Y las rabas.

A lo mejor algunos de vosotros no sabéis qué son las rabas. Pues son calamares rebozados, lo que pasa es que en vez de ser en anillas, son en tiras planas. Esto me hizo reflexionar sobre España. Porque, vamos a ver, si no nos ponemos de acuerdo ni para llamar a los calamares igual en todos los sitios, no me extraña que se monten los follones que se montan con el País Vasco, con el Estatuto de Cataluña ese, el Ibarretxe o el Carod. Si ya lo decía mi padre, en este país tenemos demasiadas Vírgenes y mucha mala leche.

Bueno os dejo, que tengo que mirar la agenda. Con esto del viaje tengo mucho trabajo atrasado aquí.

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1 de noviembre de 2005

La vicepresidenta y el Agustín

Y a mí que me da la sensación de que es la vicepresidenta del Gobierno la que realmente manda... Sólo hay que verla tan seria, poniendo firmes a todos los hombres que tiene a su alrededor. Si es que la que sabe y tiene temperamento al final se hace valer.

El Agustín, el del butano, se ha pasado por casa esta mañana temprano. Le he tenido que parar los pies, porque en cuanto me he descuidado un poco ya me había metido la mano en el escote el muy salido. Le tengo dicho que yo soy muy buena, pero con las cosas de comer no se juega. No sé por qué tiene que venir a mi casa, si sabe que yo lo tengo todo eléctrico... Sé que quiere meterme gratis total ese cipotón de semental que dicen que tiene y presumir de ello en el barrio, pero está listo. Una ya ha visto mucho, y no me voy a poner cachonda por ver una polla más o menos grande. Apañada estaría si a estas alturas todavía me fijara en eso.

Seguro que la vicepresidenta tampoco se altera por estas cosas, fijo.

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26 de octubre de 2005

Ramón el informático

Ahora que ya sabéis que soy una chica con estudios y con recursos, seguro que os intriga saber cómo me metí en esto de los ordenadores. Yo, chicos, la verdad cada día estoy más contenta de haber aprendido a usarlos. Como mayormente trabajo en casa, entre servicio y servicio siempre hay ratos muertos. Pues, ¡hala! enchufo el ordenador, visito mis páginas favoritas, o escucho un disco de Ana Belén (me chifla Ana Belén), o me bajo unos emepetreses. En la tele ponen anuncios que dicen que soy una pirata mala por bajarme cosas de la Internet. Yo creo que los ponen para asustar, porque le pregunté a un cliente mío muy bueno, que es teniente de la Guardia Civil, y me dijo que no hiciera mucho caso, que todo eso es propaganda y que el Cuerpo tiene cosas mejores que hacer que preocuparse de todo eso. Más vale que persiguieran a todos esos juankers que hacen los virus y nos infectan. Y eso que yo soy muy cuidadosa con mis cosas. En mi casa nunca faltan los condones buenos y el mejor antivirus para la computadora.

Pues eso, que aprendí a usar estos bichos gracias a otro cliente, Ramón, que es informático. Pero no de los informáticos que hacen los ordenadores, no. Él hace programas. Yo le tengo mucho apego al chico, porque es muy cariñoso. Follar, folla fatal el pobre. Pero pone tanto interés y tanta voluntad que me da apuro decirle algo. Pero en todo lo que sea de ordenadores es un maestro. Hasta me regala retratos sacados con la impresora hechos con signos extraños, así posando desnuda, como una chica de revista de tías en pelotas.

Ramón tuvo mucha paciencia para enseñarme a usar el Windows, y la Internet, y los mails, y el Microsoft Word. Al principio me costó mucho, porque es lo que le decía yo a Ramón, "Ramón, no es que sea tonta, es que me falta base". Venía casi todos los días con su portátil, me echaba un polvo rapidito, y se ponía a darme clases después. El asunto nos salía redondo a los dos: él se corría de gratis, yo aprendía informática y tan amigos. Como un pacto entre caballeros.

Cuando me solté un poco, me compré el ordenador, que me lo sacó mi cuñado muy barato, que trabaja en el Eroski. Y, claro, tuve que decirle a Ramón que si venía a follarme que ya le tenía que cobrar, porque, soy una profesional y no me gusta mezclar la amistad y el trabajo. Él lo entendió, perfectamente y me dijo que sin problemas. Y desde entonces si tengo alguna duda me ayuda en plan amigo. Claro, que yo no soy una egoísta, y le dejo a veces que me eche algún polvo de más por la misma tarifa. Porque es lo que digo yo, hoy por ti y mañana por mí.

Lo último que me enseñó Ramón es todo esto de los blogs, y escribir en los CMS's y todo esto. La web esta en la que colaboro no me gusta mucho como está. Ramón se ha tenido que ir a Londres un mes a terminar un proyecto de los suyos, y no le dio tiempo a explicarme no sé qué de los css y los xhtml, a ver si se lo explico al pez este que lleva el blog y aprende un poco, qué falta le hace.

Ahora que me he acordado de él, echo un poco de menos al Ramón. Siempre que me va a venir la regla me pongo así, un poco mohína.

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23 de octubre de 2005

El saber no ocupa lugar

Está mal que lo diga, chicos, pero no me puedo quejar. Me va muy bien en mi trabajo. Yo lo achaco a que soy una tía con estudios. Porque, aunque no os lo creáis, yo tengo mi COU aprobado. Lo que pasa es que por cosas de la vida me metí en esto... Pero ahora no quiero hablar de ello. En fin, que no soy una palurda que no sabe nada del mundo. Yo creo que esto le gusta a los tíos, porque es lo que digo yo, que todas sabemos joder como perras, pero los tíos notan cuando hay nivel. Y lo agradecen, porque pueden hablar de cosas de su trabajo y ver que tengo interés, porque me entero de lo que dicen. Bueno, no siempre, pero cuando no me entero pongo cara así de estar muy concentrada, como hacen las entrevistadoras de televisión para que parezca que le importan las cosas que le está diciendo el tío al que están entrevistando.

Yésica, una compañera del gremio muy buena y que tiene buen corazón, pero que es un poco pécora, dice que el secreto de mi éxito en el trabajo es que tengo un buen par de melones. No quiero engañaros, un buen par de tetas sí que tengo, gracias a Dios. Y cienc por cien naturales. Yo no me he operado, no como otras que yo me sé... ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Que Yésica no tiene razón, porque conozco a bastantes fulanas que se han operado las tetas y no les va tan bien como a mí.

Sé lo que estáis pensando, que los tíos cuando van de putas están muy salidos, y sólo se fijan en lo que se fijan. Y no os falta razón. Pero con la experiencia que dan los años de carrera, y no os miento, tener un buen mostrador no hace daño, pero tampoco tener unos estudios y una conversación, o leer todos los días el 20 Minutos. Porque lo que a los señores-señores les gusta de verdad es gastarse el dinero con fundamento.

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21 de octubre de 2005

Soy Rebeca

Hola, guapos. Me llamo Rebeca. Bueno, no me llamo Rebeca, es mi nombre artístico. No quiero engañaros, soy una puta. Pero no una tirada que se lo monta en la calle. Soy más fina y pongo anuncios en los periódicos. Tampoco creáis que soy una puta rica de esas que van a los hoteles de 5 estrellas a arreglarles los bajos a todos esos ejecutivos de nivel. Soy modesta, honrada y limpia, muy limpia. Mi piso reluce como el que la que más. Es que compro de lo mejor para la limpieza. Porque es como decia mi difunta madre: Niña, sé lo que quieras, pero tú siempre la más limpia.

Bueno, que me disperso. Se conoce que me está empezando a hacer efecto el orfidal. Que lo que yo quería decir es que voy a escribir aquí a de vez en cuando, porque mi vecina de arriba me ha dicho que es una terapia muy buena abrirse a los demás. Chica, a lo mejor tiene razón. Porque tanta polla y tanto esperma me están embruteciendo un poco.

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